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La caja de plata

Al final de aquella tienda de antigüedades, había una vitrina polvorienta que contenía pequeñas cajas, la mujer de aspecto triste la abrió con una llave que parecía más vieja que todo lo que allí había, elegí una pequeña caja hecha de filigrana de plata, la mujer sonrío. Justamente había elegido la más antigua. Naturalmente no era cierto, así que le dije que como mucho era del siglo XIX, ante tal asertividad por mi parte, la mujer de aspecto triste tuvo que asentir. Cuando fui a pagar el precio acordado apareció una anciana con un pañuelo negro atado a la cabeza. Cogió la cajita y se puso a hacer exclamaciones y a dar gritos como si le estuvieran arrebatando la vida. Me contó que había sido de su abuela, apareció su hijo al oír gritar a su madre. El hijo me miró con cara severa -es de la familia esta caja- dijo con voz grave. - no se vende- afirmó mirando a la triste mujer.
¿Qué podía hacer yo? Quería esa caja, yo quería darle una nueva vida transformándola en collar.
Le conté mi proyecto al hombre con ánimo de convencerlo. Él se negó a vendérmela. En ese momento apareció un viejo de cejas pobladas completamente blancas y cabeza rapada. Me miró fijamente, - es tuya- dijo. Todos los demás guardaron silencio. La situación era estrambótica. Sin mas me apresure a pagar y salí lo más deprisa que pude. Ésta es la historia de la caja de plata. Las personas generamos situaciones extrañas, ¿verdad?.