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El maestro platero y su mujer, Fatima, la del ojo de cristal azul.

A veces me recordaba a mi abuela cuando me lanzaba aquellas miradas severas por hablar demasiado. Fatima fué paciente conmigo, me llevó con ella a la mezquita y me cubrió la cabeza con un gran pañuelo blanco para entrar. De vuelta en su tienda no me atreví a volver a preguntar por su ojo, pero le conté que había soñado con su tienda y que en mi sueño detrás de la foto del señor con bigote había una caja fuerte con piezas maravillosas de plata, la mujer soltó una carcajada y me dijo que yo hablaba demasiado y siguió riendo. Sentí que mi cara ardía y eso a ella aún la divertía más.
Acercándose el dedo a la boca en señal de silencio me condujo frente a la foto del señor con bigote - Mi marido - dijo.
Cuando abrió el cuadro como si fuese una puerta, creí que el corazón me iba a estallar, ¡Era una caja fuerte!
Envueltas en paños de lino tenia un montón de piezas que su marido "el maestro platero" dejó sin ensamblar, era un tesoro precioso, que ella cuidaba y guardaba con amor. - ¡Se las compro! - dije con una voz chillona, ella se reía a carcajadas, en ese momento parecía una niña, me pregunté cuantos años tendría. Las guardó cuidadosamente y no me dejó volver a hablar. Sentí un gran afecto por ella.
Nos sentamos frente a una mesita y entró el muchacho traductor con unos vasitos de té, temí que todo estuviese preparado, un miedo estúpido se apoderó de mi, tanta sincronicidad debía estar premeditada. Puse un gesto serio y la mujer reía a carcajadas al ver mi cara, me rendí, - Que sea lo que Dios quiera - dije en voz baja, pareció entenderme y aun río mas.
Cuando se enjugó las lágrimas de la risa, dijo - Ahora te voy a contar la historia de mi ojo azul - el muchacho se sentó con nosotras y comenzó a traducir. - Perdí el ojo siendo niña, jugando con un palo, me lo clavé y lo perdí, siempre llevé un parche que me hizo mi padre. Cuando me casé, me avergonzaba llevar el parche. Un día llegó a la tienda de mi marido un inglés grande con la nariz roja y los ojos azules, quería comprarle un collar a su mujer y pagaba un precio muy bajo por él. Mi marido se dio cuenta de que uno de sus ojos azules era de cristal y decidió cambiárselo por el collar, así es como llegué a quitarme el parche, como es un regalo de mi marido nunca me quito este ojo de cristal.
Yo no sabía qué decir, me parecía una historia rocambolesca, me daba risa y al mismo tiempo me hacía pensar en el amor que sentía Fátima por su esposo, estuve un buen rato en silencio, sintiendo aquel lugar, el olor, la luz, su sonrisa... Le di las gracias, sentía que estaba aprendiendo de aquella mujer.
Todos los días que estuve en Konya fui a visitarla, a escuchar sus cuentos. Aunque no los entendía, siempre salí de allí con sensación de aprendizaje, no volví a mencionar las piezas de plata que tenía guardadas. El último día cuando fui a despedirme, tenía preparadas para mi unas cuantas piezas que le compré encantada y que estoy utilizando para hacer collares. Fátima al despedirse de mí me preguntó si había visitado Marruecos, le dije que no, me sugirió que podía ser interesante para mí hacer ese viaje, pero eso es otra historia.

 

Este collar está hecho con las cuentas de Ámbar del Anciano Sabio y las piezas de plata que me vendió la mujer del ojo de cristal azul.